El día 15 de octubre del año 2000, fue un día muy largo, muy trajinado. Lleno de noticias inesperadas a las cuales debíamos atender, escuchar, razonar y solucionar.La fábrica donde trabajábamos once compañeros, había entrado en una situación de estanco comercial. No funcionaba o, al menos, no funcionaba como sus dueños querían que funcionara. Sueldos atrasados, dificultades con los proveedores y, por lo consiguiente, con sus clientes. Cosa muy común en la Argentina del 2000. Inesperadamente – al menos para nosotros. Los empleados – le acercamos una propuesta a la que tuvieron que evaluar - tras breves y apuradas reuniones. La oferta era: Las máquinas de la fábrica, por la deuda salarial que mantenían con nosotros los empleados. Después de considerar las pocas opciones que teníamos y ante la urgencia que requería la respuesta, aceptamos aunque en realidad, entre nosotros habían algunas disidencias, pero, la mayoría dejo que si. En un día habían cambiado las historias de nuestras vidas. Para bien o para mal.
La voluntad o desesperación de once personas, juntas y unidas por un objetivo común, empujan, alientan y sostienen el esfuerzo.
Han pasado ocho años desde aquel momento crucial de la decisión tomada. Algunos de nosotros muy pocos, se fueron desenganchando de este tren que tiene por destino viajar, siempre hacia delante. Como la vida misma. Otros se fueron por motivos personales en pos de otro rumbo, de otro destino, con todo el derecho que les asiste como hombres libres.
Hoy vemos con satisfacción el crecimiento de nuestra fábrica plasmado en la pantalla de la computadora, se incremento la cantidad de clientes activos. Hemos mejorado considerablemente la capacidad industrial de nuestra fábrica. Agregando máquinas y talento humano en su funcionamiento, y nos complace decir que somos una familia con los mismos problemas de una familia. Nos agrada también, la cantidad de clientes que vienen a nosotros en busca de una solución a sus problemas tan diversos, como el que ofrece la presentación de sus productos. Satisfacerlos a ellos es, curiosamente, satisfacernos a nosotros mismos; ya que nuestra consigna es: servir siempre. Nos sostenemos día a día, con la fé intacta, en la creencia que afirma aquello de: Hoy por ti, mañana por mí.
Necesitábamos llevar alegría y seguridad a nuestros hogares y, en esta tarea de dar lo mejor de nosotros a nuestros clientes; Lo hemos logrado.
