El día 15 de octubre del año 2000, fue un día muy largo, muy trajinado. Lleno de noticias inesperadas a las cuales debíamos atender, escuchar, razonar y solucionar.
La fábrica donde trabajábamos once compañeros, había entrado en una situación de estanco comercial. No funcionaba o, al menos, no funcionaba como sus dueños querían que funcionara. Sueldos atrasados, dificultades con los proveedores y, por lo consiguiente, con sus clientes. Cosa muy común en la Argentina del 2000. Inesperadamente – al menos para nosotros. Los empleados – le acercamos una propuesta a la que tuvieron que evaluar - tras breves y apuradas reuniones. La oferta era: Las máquinas de la fábrica, por la deuda salarial que mantenían con nosotros los empleados. Después de considerar las pocas opciones que teníamos y ante la urgencia que requería la respuesta, aceptamos aunque en realidad, entre nosotros habían algunas disidencias, pero, la mayoría dejo que si. En un día habían cambiado las historias de nuestras vidas. Para bien o para mal...
